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CUERPOS EN FLOTACIÓN

Ayer estuvimos en Marineland, lugar extraterrestre con ubicación terrícola. Un parque acuático en el que me sentí abducido, teletransportado a una galaxia paralela donde todo excedía en sus límites y donde me codeé con cientos, miles de humanos reconvertidos en extraterrestres al igual que yo, con tan solo traspasar la puerta de entrada y saludar a una poco simpática muchacha que ofertaba hacernos una foto con un loro al hombro cual John Silver de extrarradio.

 Los extraterrestres nos movíamos con total soltura, nos despojábamos del hábito y mostrábamos la piel que nos convertía en unidad, nos hermanaba y permitía aglutinar nuestras carnes como si de un solo ejemplar se tratase. El hombre del nuevo milenio, mimetizando nuestra desnudez con la de nuestros congéneres, eclipsando la vergüenza del dominguero en una masa atávica de cuerpos en flotación.

 Fue impresionante la cantidad de tatuajes que pude vislumbrar entre mis congéneres extraterrestres, apareciendo de sus espaldas quemadas, mientras pedían clemencia para poder ser hidratados, dibujos en la carne que mostraban un pasado confuso y un presente desorientado. Tatuajes de extrarradio, auténticos y trabajados con tinta de bolígrafo Bic y aguja de cosedora y que se mostraban como una seña de identidad más en nuestro periplo entre las piscinas, el olor a cloro y la fascinación por el chiringuito verbenero.

 Tras seis horas de trabajo de campo, de investigación exhaustiva entre la emulsión de agua y carne, observamos que habíamos encogido, y que ello era el origen de la mutación final, a la piel arrugada le seguirían otro tipo de modificaciones corporales. Decidimos recoger nuestras toallas y poner rumbo a casa, no sin antes mirar hacia atrás y comprobar como mis congéneres continuaban mutando mientras caía la tarde, a sabiendas que cuando salieran por la puerta en la que se postraba la muchacha del loro, ya nada sería igual, el cloro, el plástico y la aglutinación de cuerpos les habrán convertido en seres prodigiosos, superiores por el sólo hecho de haber sobrevivido a una abdución voluntaria.

 Yo, esta mañana al despertar, he empezado a notar los primeros cambios.