• La perversión de la imagen como disfunción lúdica. Psicotronía, caspismo, nihilismo y puterío fino. Poca cosa más encontrarán en este lar. OTROS BLOGS DE CONDICIONES ADVERSAS enlace_armadas ARMADAS Y PELIGROSAS

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 Shawn Lee’s Ping Pong Orchestra

EL AUTOMÓVIL COMO METÁFORA SEXUAL

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“…A lo largo de Crash he tratado el automóvil no sólo como una metáfora sexual sino también como una metáfora total de la vida del hombre en la sociedad contemporánea. En este sentido la novela tiene una intención política completamente separada del contenido sexual, pero aún asi prefiero pensar que Crash es la primera novela pornográfica basada en la tecnología. En cierto sentido la pornografía es la forma narrativa más interesante políticamente, pues muestra cómo nos manipulamos y explotamos los unos a los otros de la manera más compulsiva y despiadada.”

J.G.Ballard

PORTADAS REVISTA “LIB”

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He recopilado unas cuantas portadas de la revista LIB. Las encontré en Todo Colección y no me he podido resistir a subirlas al blog. Todas las que he seleccionado pertenecen a la década de los 70 y 80, cuando el destape era inocente y, quizás por ello, hoy rezuma a romanticismo casposo.

 Lo mejor de estas portadas son sus titulares. Fíjense y descubrirán algunos tan brillantes como: “La orgía de Lucía Bosé”, “Rock Hudson, violado a los 18 años por un camionero” o “Violeta la Burra, el travesti más cateto” ¡Soberbio!

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“EMANUELLE AND THE PORNO NIGHTS” EL MONDO COMO SUBGÉNERO TRASH

El exploit setentero, pareció no tener límites. Todo valía para hacer dinero y tanto el softcore, tildado en España con la característica “S” como el Mondo, llenaron cines a costa de enseñar carne (con o sin piel) a incipientes morbosos ávidos de nuevas sensaciones que hasta hacía poco no les habían estado permitidas.

Si ya me dediqué en su momento a hablar sobre las infectas delicias del italo-exploit Mondo en Emanuelle y los últimos caníbales, Joe d’Amato siguió sacando tajada del subgénero en Emanuelle and the porno nights, cediendo el protagonismo de la dirección a Bruno Mattei, otro perro viejo de la caspa italiana aunque d’Amato guionizó la película, a la par que la co-dirigió en la sombra, consiguiendo apuntarse otro tanto en su dilatada carrera como obrero del celuloide.

EL SECRETO DE DEBBIE HARRY

Blondie nunca escondió nada

Blondie nunca escondió nada

El amigo Confesor, me mostró hace unos pocos días el camino a seguir. En su entrada del pasado 3 de octubre, mostraba unas sugerentes fotografías de Debbie Harry desnuda. La visión de semejantes imágenes, me hizo recordar otra fotografía en la que Blondie aparecía subida en el escenario, sin bragas y vestida únicamente con una camiseta, por lo que el espectáculo para los asistentes al concierto debió ser de lo más estimulante.

 Me he dedicado a buscar la imagen que mi memoria creía recordar y finalmente a aparecido entre otras de la que fuera icono sexual de los 80’s.

 Observen la mirada perdida de la artista, eludiendo la falta de vestimenta, entregada a su público y en el margen ausente de la imagen, imagino también a un público más que entregado, contento y sin lugar a dudas agradecido.

LA DOBLE MORAL ANTE LA IMAGEN PORNOGRÁFICA

Resulta complejo saltar la línea que separa el campo de la pornografía y el arte sin sentirse salpicado en su transcurso. Es por ello que los genitales que pintó Courbet en El origen del Mundo, cumplen las exigencias de un milimetrado guión social para poder ser valorado como una obra artística, digna de ser expuesta en las paredes de los mejores museos del mundo. Para ello ha tenido que pasar el tiempo, y desprendernos de demasiados tabúes que lastramos de nuestra herencia judeocristiana, pero no sólo eso, sino también la ubicación de esos genitales femeninos durante el transcurso de la historia, han hecho que no provoquen rechazo sino admiración ante los ingenuos ojos del inconsciente sicalíptico.

Es por ello, que en un gran número de ocasiones, no es la obra la que provoca rechazo y el obligado descenso a los infiernos de la inmoralidad, sino el lugar donde es expuesto. Por poner unos ejemplos, una imagen pornográfica de Vanessa del Rio, publicada en una revista erótica, será considerada por el grueso de la sociedad “bienpensante” como un trabajo execrable, destinado al consumo de onanistas y pervertidos, mientras que si la misma fotografía es recopilada en un volumen lujosamente editado por Taschen, la apreciación será diferente, a pesar de que la imagen, en ambos casos, se sustente en un soporte impreso. O lo que es lo mismo, y volviendo al caso de Courbet, la imagen pornográfica, dependerá del lugar de exposición. Mientras que durante años El origen del Mundo, permaneció oculto por voluntad de sus diversos propietarios, hoy se exhibe en el prestigioso Musée d’Orsay, consiguiendo dar de esta manera el triple salto mortal que supone salir de la clandestinidad para situarse como una referente obra de estudio.

El paso del tiempo, el continente donde se muestra la obra… serian muchos los factores que habríamos de valorar para poder citar a una obra como pornográfica o artística, además de desprendernos de tabúes y prejuicios que nos obligan a tener una visión desnaturalizada de la misma, y más tarde, valorar por qué consideramos inmoral, la sola visión de una miembro sexual y por el contrario no supone el mismo rechazo los miembros del (supongamos) aparato motríz del ser humano. O lo que es lo mismo ¿Resultan una vagina o un pene inmorales en sí mismos? O sencillamente, es nuestra moral la que los cataloga, prejuzga y rechaza.

101 TÍTULOS DE CRÉDITO (3) “EMANUELLE Y LOS ÚLTIMOS CANÍBALES”

La combinación de sexo y violencia, siempre ha sido un tema de especial arraigo en la explotación cinematográfica. Si bien el mundo se regodeó con el pornochik de la serie Emmanuelle, donde a los espectadores sensibles se les daba la oportunidad de sacar el volleur que ocultaban en el armario, con la excusa de haber encontrado la delgada línea que separa el erotismo de la pornografía.  Jactándose de la cuidada plasticidad de una obra donde se mimaban los aspectos técnicos, como la música o la fotografía y donde se tenía muy en cuenta hasta qué punto se debían acotar las escenas sexuales, para que el sensible espectador no se creyese ubicado en una mugrienta sala “X”.

El éxito de Emmanuelle, llegó a convertirse en toda una franquicia, para ello, bastaría con alterar las letras del título original, para que no existiesen reprimendas jurídicas por parte de las productoras y el espectador acudiese engañado a la sala, a expensas de un nuevo capítulo de féminas en ardiente fregoteo, en paradisíacas islas.

A pesar de ello, el exploit fue degenerándose, hasta el punto en que llegó a coincidir con los populares Mondos, que a modo de reportaje, mostraban al espectador con pelos y señales las humillaciones perpetradas por los blancos en la África negra, al mismo tiempo que se recreaban con (reales) vivisecciones de animales y (ficticias) torturas a nativos e ingenuos exploradores. Así que algún perro viejo decidió hermanar el género Mondo con el pornochik de Emmanuelle. Para ello,  Joe D’amato alteró el título original de la serie en la que Sylvia Krystel erotizó a toda una generación -a la par que popularizó los tronos de mimbre- y se sacó de la manga un sub-producto al que tituló Emanuelle y los caníbales (Observen la desaparición de una “m”).

La aparición de sus títulos de crédito en esta sección, no es más que una mera excusa para hablar del tema, ya que los planos aéreos de Manhattan, utilizados para esculpir los nombres de los creadores de la obra, servían para poco más que inflar el metraje lo máximo posible y conseguir, a trancas y barrancas, llegar a los 90 minutos de saludable diversión que el espectador exigía a cambio de su entrada.

Por si esto les sabe a poco, aquí pueden encontrar una pequeña galería de imágenes de la película.