• La perversión de la imagen como disfunción lúdica. Psicotronía, caspismo, nihilismo y puterío fino. Poca cosa más encontrarán en este lar. OTROS BLOGS DE CONDICIONES ADVERSAS enlace_armadas ARMADAS Y PELIGROSAS

    Escuchando

    nacho-vegas-cajas-de-musica1

    Leyendo

    almodovar

    Pegada a la retina

    quimericoinquilino1001

    ¡¡Cómix!!

    No seas finstro y haz como Don Cicuta

    Amor Bizarro

    Sólo para blogueros perturbados

    Atracción en Condiciones Adversas

    Condiciones Adversas al habla

    Asociación Amigos de Condiciones Adversas

POSTERS DE CINE QUINQUI

2e5-12929

PERROS CALLEJEROS II - José Antonio de la Loma (1979)

Por fin nos hemos podido acercar al CCCB para ver la exposición “Quinquis de los 80. Cine, prensa y calle”. No cabe decir que me ha encantado, de manera que he salido con el libro oficial bajo el brazo y con ganas de dar cuenta de los visto en un post. Mientras lo preparo dejo unos cuantos carteles de cine quinqui que harán las delicias de sus ojos talegueros.

Sigue leyendo

Anuncios

CENITALIDAD

Paranoia. Umberto Lenzi (1970)

Paranoia. Umberto Lenzi (1970)

Cuando tenía 12 años, cayó un suicida a dos metros de mis pies. Al principio no lo vi. Tan solo escuché un fuerte ruido seco, que fue precedido por el grito histérico del resto de transeúntes. Cuando me di cuenta de la situación, observé el cuerpo de un hombre, estirado boca abajo y evidencié lo próximo que estuve de haberle servido de colchón.

Un perro andalúz. Luis Buñuel y Salvador Dali (1929)

Un perro andalúz. Luis Buñuel y Salvador Dalí (1929)

Al pasar el trance, recordé que unos cascotes o tierra, habían frenado mis pasos. Imagino que el suicida los arrastró con su caída al vacío y al advertirlos, frené la marcha aunque también llegué a pensar que los cascotes fueron lanzados deliberadamente por el hombre, para así no llevarse a nadie con él.

El shock inicial se diluyó con el tiempo, aunque me dejó la sensación de sentirme atraído por la figura del suicida (que no del suicidio) y curiosamente, siempre que venían a mi cabeza las imágenes del cuerpo yaciendo a mis pies, nunca lo volví a recordar desde la perspectiva en que lo vi, sino transmutándome a la posición del suicida, como si él pudiese ver su cuerpo muerto sobre el asfalto, justo antes de saltar, adelantándose al futuro inminente del fin y viendo la muerte allí donde solo había vida.

Ojos sin rostro. Georges Franju (1960)

Ojos sin rostro. Georges Franju (1960)

101 TÍTULOS DE CRÉDITO (3) “EMANUELLE Y LOS ÚLTIMOS CANÍBALES”

La combinación de sexo y violencia, siempre ha sido un tema de especial arraigo en la explotación cinematográfica. Si bien el mundo se regodeó con el pornochik de la serie Emmanuelle, donde a los espectadores sensibles se les daba la oportunidad de sacar el volleur que ocultaban en el armario, con la excusa de haber encontrado la delgada línea que separa el erotismo de la pornografía.  Jactándose de la cuidada plasticidad de una obra donde se mimaban los aspectos técnicos, como la música o la fotografía y donde se tenía muy en cuenta hasta qué punto se debían acotar las escenas sexuales, para que el sensible espectador no se creyese ubicado en una mugrienta sala “X”.

El éxito de Emmanuelle, llegó a convertirse en toda una franquicia, para ello, bastaría con alterar las letras del título original, para que no existiesen reprimendas jurídicas por parte de las productoras y el espectador acudiese engañado a la sala, a expensas de un nuevo capítulo de féminas en ardiente fregoteo, en paradisíacas islas.

A pesar de ello, el exploit fue degenerándose, hasta el punto en que llegó a coincidir con los populares Mondos, que a modo de reportaje, mostraban al espectador con pelos y señales las humillaciones perpetradas por los blancos en la África negra, al mismo tiempo que se recreaban con (reales) vivisecciones de animales y (ficticias) torturas a nativos e ingenuos exploradores. Así que algún perro viejo decidió hermanar el género Mondo con el pornochik de Emmanuelle. Para ello,  Joe D’amato alteró el título original de la serie en la que Sylvia Krystel erotizó a toda una generación -a la par que popularizó los tronos de mimbre- y se sacó de la manga un sub-producto al que tituló Emanuelle y los caníbales (Observen la desaparición de una “m”).

La aparición de sus títulos de crédito en esta sección, no es más que una mera excusa para hablar del tema, ya que los planos aéreos de Manhattan, utilizados para esculpir los nombres de los creadores de la obra, servían para poco más que inflar el metraje lo máximo posible y conseguir, a trancas y barrancas, llegar a los 90 minutos de saludable diversión que el espectador exigía a cambio de su entrada.

Por si esto les sabe a poco, aquí pueden encontrar una pequeña galería de imágenes de la película.

DELIVERANCE. EL HOMBRE CONTRA EL MEDIO

En 1972, el británico John Boorman rodaba una de sus primeras películas con capital norteamericano. Decidió apostar fuerte y llevar al cine una novela de James Dickey, en la que cuatro prepotentes habitantes de la gran ciudad, tenían que lidiarse contra unos temibles lugareños de la América profunda.

Los años 70, fueron una época dorada para el cine, en la que era posible llevar a la gran pantalla cualquier guión que pudiese explicar algo interesante, sin que productores o moralistas pudiesen impedirlo, así que el resultado de aquella apuesta terminó por llamarse “Deliverance”, en España estrenada “Defensa” en la que el mismo Dickey firmó el guión a más de hacer un pequeño cameo y es sin lugar a dudas, la mejor película de Boorman y una auténtica obra de culto.

El director británico, sumerge al espectar en un torbellino de violencia sin igual. Los cuatro protagonistas de la historia liderados por Burt Reynolds (quien diga que Reynolds no es un buen actor es por que no ha visto esta película) y Jon Voight deciden pasar un plácido fin de semana en los bosques Apalaches, para dedicarse a la pesca en canoa. Todo se complica cuando su prepotencia de hombres de ciudad choca con los habitantes de la zona rural. Uno de los cuatro excursionistas es brutalmente violado y vejado por los montañeses, y a partir de ese momento la huida para conseguir salvar la vida será el único fin de su fatídica aventura.

Podríamos interpretar la película como el típico film de acción en el que los malos persiguen a los buenos, haciéndoles pasar las de Caín, pero Boorman decide llevar más lejos el planteamiento inicial. Nos hace reflexionar en el eterno enfrentamiento entre la tradición y el progreso, la ciudad y la zona rural. La idílica zona en la que deciden pasar el fin de semana pescando los cuatro amigos, será pronto sumergida bajo las aguas de un pantano. Los habitantes de la zona, consideran a los domingueros como invasores, decidiendo arremeter contra ellos y hacerles servir de cabezas de turco contra quienes provocarán la desaparición de su hábitat de vida.

La huida no sólo se verá complicada por la persecución del cazador ávido de venganza, sino por otro enemigo quizás mayor y con el que en un principio contaban cómo aliado, la naturaleza, el pasaje otrora idílico, acabará por convertirse en un enemigo mortal.

La filmografía de Boorman, ha estado salpicada en varias ocasiones por películas en las que la selva o la naturaleza adquieren un gran protagonismo “La selva Esmeralda”, marcada por un militante espíritu naturalista o “Regreso a Rangún” ambas sin llegar al nivel de calidad de “Deliverance” pero de necesaria visión pese a las malas críticas que recibieron en el momento de su estreno, al igual que merece ser revisitada –nunca me cansaré de reivindicarla- “El Exorcista II – El Hereje”, segunda parte de la saga iniciada por William Friedkin, en la que Boorman decidió salirse por la tangente y no hacer una segunda parte al uso, sino un film que se distanciaba de la obra original, consiguiendo momentos de gran tensión, a pesar de moverse por un guión pantanoso en el que se podía perder hasta el espectador más atento.

Debido al éxito de “Deliverance”, que fue nominada a tres Oscars, (película, guión y montaje), y su final abierto, apareció una segunda parte, que en España se estrenó con más pena que gloria directamente en video y ante la cual no merece la pena ni acercarse.